04/09/2026
El municipio, que pasa de unos 380 habitantes durante buena parte del año a cerca de 4.000 en verano, afronta el cierre de su escuela y busca nuevas oportunidades ligadas al empleo, la vivienda y la recuperación de su patrimonio y sus tradiciones.
Hinojal puede rozar las 4.000 personas durante el verano, pero cuando termina agosto vuelve a quedarse con alrededor de 380 habitantes. Esa enorme diferencia entre el pueblo de los meses estivales y el que permanece el resto del año resume buena parte de los retos de un municipio que este curso afronta además uno especialmente simbólico, como es el cierre de su escuela, que contaba con apenas seis niños.
De cómo mantener vivo el pueblo durante los doce meses del año se ha hablado en ‘Aquí no se rinde nadie’, el espacio de Más de Uno Plasencia patrocinado por la Diputación Provincial de Cáceres. Por los micrófonos de Onda Cero Plasencia han pasado la alcaldesa, Blanca Vivas; la concejala María Teresa Breñas; y Román Arias, vecino de Hinojal y una de las personas implicadas en la recuperación de su patrimonio y sus tradiciones.
Una escuela que cierra y unas aulas que buscan una segunda vida
El cierre del colegio es probablemente la imagen más clara de la pérdida de población que afronta Hinojal. Los seis alumnos tendrán que desplazarse ahora hasta Talaván, una decisión marcada no solo por el reducido número de alumnos, sino también por sus diferentes edades.
“Para una alcaldesa, que se cierre la escuela es horroroso”, reconoce Blanca Vivas. El Ayuntamiento, sin embargo, ya piensa en buscar un nuevo uso para el edificio. “Un local cerrado es una pena profunda, significa que el futuro se aleja un poco más. Pero no nos vamos a quedar parados, daremos una segunda vida a esas aulas”.
La propia historia de la alcaldesa muestra la otra cara del fenómeno. Vivas nació en Bilbao después de que sus padres emigraran y terminó regresando a Hinojal, donde además de asumir la Alcaldía gestiona una explotación de cabras murciano-granadinas. Su experiencia demuestra que volver es posible, aunque el gran desafío sigue siendo que existan oportunidades para hacerlo.
El reto de conseguir oportunidades para quedarse
Y si hay una petición que ha quedado clara durante el programa es la de crear empleo. Román Arias, a sus 76 años, ha llegado a ofrecer terrenos de su propiedad de forma gratuita si sirven para que una empresa se instale en Hinojal y genere puestos de trabajo.
Su argumento parte de la ubicación del municipio, próximo a la A-66 y a unos 20 minutos de Cáceres, y de la existencia de terrenos, naves y recursos que, considera, podrían aprovecharse para desarrollar nuevos proyectos.
“Queremos trabajo, no solo bienestar para el turista”, resume Arias. Para este vecino, atraer visitantes y recuperar el patrimonio es importante, pero no suficiente si detrás no existe una economía que permita a las familias establecerse en el municipio.
En esa búsqueda participa también la Diputación de Cáceres. Javier Luna, del área de Turismo de la institución provincial, ha explicado durante el programa el trabajo de la Unidad de Atracción de Nuevos Pobladores para identificar viviendas, terrenos y otros recursos disponibles en los municipios y conectarlos con personas interesadas en desarrollar su proyecto de vida en el medio rural.
Entre las posibilidades planteadas para Hinojal está también el aprovechamiento de espacios actualmente sin uso, incluidas las propias instalaciones escolares, para nuevos proyectos vinculados, entre otras posibilidades, al teletrabajo.
De las recetas de las abuelas a los motes de cada familia
Pero Hinojal no quiere afrontar su futuro olvidando aquello que lo diferencia. El municipio trabaja también para conservar una memoria que todavía permanece en sus casas y en sus vecinos.
Una de las iniciativas es ‘El sabor de las antiguas’, un proyecto que recoge recetas tradicionales para evitar que desaparezcan con las generaciones que todavía conservan la forma original de elaborarlas. Entre ellas está la conocida salchicha de matanza de Hinojal, cuya receta tradicional sigue generando incluso discusión entre los propios vecinos sobre los ingredientes que debe llevar.
El Ayuntamiento prepara además un proyecto para recuperar los motes familiares mediante placas instaladas en las fachadas con fotografías y los apodos con los que históricamente se ha conocido a cada casa. Historias como la de «El Borrego», un sobrenombre que nació después de que una vecina ganara un animal en una rifa y que terminó identificando a toda su descendencia.
San Sebastián y la recuperación de San Berto
Esa identidad aparece también en las fiestas. Hinojal trabaja para conseguir el reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Regional para su celebración de San Sebastián, cada 20 de enero. Durante la procesión, seis mozos vestidos con indumentaria militar cantan la vida y el martirio del santo mientras se realizan salvas de honor.
También se ha recuperado la celebración de San Berto, el 24 de agosto, ligada a un antiguo edificio que durante años terminó utilizándose como refugio para animales. Román Arias participó personalmente en su limpieza y recuperación hasta devolverlo al uso del pueblo.
Son proyectos diferentes, pero detrás de todos aparece la misma preocupación. Hinojal consigue llenar sus calles cada verano y conserva una importante vinculación con quienes un día salieron del municipio. El reto ahora es conseguir que parte de esa vida no desaparezca cuando termina agosto.
“Aquí tenemos terreno, tenemos posibilidades y queremos que venga gente”, reivindican sus vecinos. Porque para Hinojal la cuestión ya no es únicamente conseguir que quienes se marcharon regresen unos días, sino encontrar razones para que algunos puedan volver para quedarse.






























