10/09/2026
La profesora de la Universidad de Extremadura ha abordado en Más de Uno cómo cuidar sin sobreproteger, afrontar la soledad no deseada y preservar la autonomía de las personas mayores durante el mayor tiempo posible.
Ayudar a una persona mayor no debería significar decidir por ella. Mantener su autonomía, escuchar qué quiere y evitar una sobreprotección que termine limitando sus capacidades son algunas de las cuestiones que Belinda Basilio Fernández, profesora de la Universidad de Extremadura, ha puesto sobre la mesa en nuestro Más de Uno.
Enfermera, podóloga, antropóloga y doctora en Ciencias de la Salud, Belinda ha abordado los desafíos que plantea una población cada vez más longeva y ha incidido especialmente en el edadismo, los prejuicios y comportamientos discriminatorios asociados a la edad.
“No podemos hablarles como si fueran niños”
Belinda advierte de comportamientos que pueden parecer inofensivos pero que terminan restando autonomía a las personas mayores. Entre ellos está infantilizar la manera de dirigirse a ellas o asumir que otras personas deben tomar las decisiones simplemente por su edad.
La especialista defiende precisamente lo contrario, escuchar y hacer partícipe a la persona de las decisiones que afectan a su propia vida. Esa idea está también detrás de la denominada atención centrada en la persona, un modelo que busca adaptar los cuidados a las necesidades, preferencias y rutinas de cada individuo.
Permanecer en casa mientras sea posible
Siempre que las circunstancias lo permitan, Belinda recomienda que las personas mayores continúen viviendo en su hogar y mantengan su entorno y sus rutinas durante el mayor tiempo posible.
También ha puesto como ejemplo iniciativas desarrolladas en municipios extremeños como Riolobos y Pescueza, donde distintas adaptaciones del espacio público y servicios de transporte facilitan que vecinos los vecinos mayores puedan continuar viviendo en sus localidades.
Mantener la autonomía pasa también por normalizar herramientas como bastones o andadores. Lejos de interpretarlas como una pérdida de independencia, Belinda recuerda que pueden servir precisamente para conservarla durante más tiempo.
La soledad también puede romper rutinas e identidad
La soledad no deseada es otro de los problemas que afectan especialmente a las personas mayores, un problema sobre el que Belinda ha investigado a través de un proyecto realizado con mujeres viudas.
Entre las experiencias recogidas recordó la de una mujer que, después de tres años de viudedad, volvió a maquillarse. Un gesto aparentemente pequeño que reflejaba un cambio mucho mayor en la forma de cuidarse y recuperar parcelas de su vida después de la pérdida de su pareja.
Belinda recomienda a las familias estar pendientes de cambios que puedan advertir de un deterioro, desde despistes frecuentes o episodios de desorientación hasta dificultades para realizar actividades cotidianas que la persona dominaba anteriormente.
Y cuando llega el momento de adoptar decisiones importantes sobre cuidados o salud, insiste en una misma idea, la persona mayor debe seguir teniendo voz. Por ello, defiende hablar de estas cuestiones con antelación y recurrir, cuando corresponda, a herramientas como la expresión anticipada de voluntades para dejar constancia de cómo quiere ser atendida.






























