La reproducción asistida cambia de perfil en Extremadura con pacientes de más edad y nuevas posibilidades genéticas

El socio y administrador de Clínica Norba, Nicolás Montero Jaramillo, ha pasado por ‘A Pulso’ en Más de Uno Onda Cero Plasencia para hablar del retraso de la maternidad, la llegada de pacientes portuguesas y los avances que permiten evitar la transmisión de determinadas enfermedades hereditarias.

07/09/2026

La reproducción asistida ha dejado de vivirse con el silencio de hace décadas, pero las clínicas se encuentran ahora con un nuevo escenario. Las mujeres llegan a consulta a edades cada vez más avanzadas, los tratamientos genéticos ofrecen posibilidades que hace unos años no existían y la cercanía con Portugal ha convertido también a Extremadura en destino para pacientes que buscan procedimientos a los que no pueden acceder en su país.

Sobre esta evolución ha hablado Nicolás Montero Jaramillo, socio y administrador de Clínica Norba, en una nueva entrega de ‘A Pulso’, el espacio de Más de Uno Onda Cero Plasencia. 

Nicolás llegó al ámbito sanitario desde una trayectoria profesional que inicialmente poco tenía que ver con la medicina. Formado en Derecho y Ciencias Actuariales y Financieras, comenzó a trabajar en el sector en 2008 y posteriormente participó en la puesta en marcha del Clúster de la Salud de Extremadura, del que continúa siendo gerente. En 2016 se incorporó a la gestión de Clínica Norba, fundada en Cáceres en 1989 y vinculada desde sus inicios a la reproducción asistida en Extremadura.

Pacientes de más edad y una reproducción asistida cada vez menos tabú

Uno de los principales cambios que Montero ha observado es la edad a la que las mujeres buscan ayuda para ser madres. Actualmente sitúa buena parte de las consultas entre los 35 y los 40 años, en un contexto social en el que la maternidad se ha ido retrasando.

«Físicamente la gente se siente muy joven con 38 o 40 años, pero la biología no perdona y el cuerpo lo resiente», explica.

Lo que sí ha cambiado favorablemente, señala, es la forma de hablar de estos tratamientos. La reproducción asistida se ha normalizado y ha dejado atrás buena parte del tabú que acompañaba a quienes recurrían a ella hace décadas.

El perfil de las pacientes también se ha diversificado. La clínica recibe personas procedentes de diferentes puntos de Extremadura, provincias limítrofes y Portugal, especialmente parejas de mujeres que cruzan la frontera para acceder a determinados tratamientos.

Entre ellos se encuentra el método ROPA, que permite que las dos mujeres participen en el proceso reproductivo. Una aporta los óvulos y la otra lleva adelante la gestación. «Tenemos parejas de Portugal que suben a zonas como Salamanca, Badajoz o Cáceres», explica Montero.

Evitar que una enfermedad genética pase a la siguiente generación

Uno de los avances que más ha transformado la reproducción asistida en los últimos años está relacionado con el diagnóstico genético preimplantacional, conocido como PGT. La técnica permite analizar los embriones antes de su transferencia cuando existe riesgo de transmitir determinadas alteraciones genéticas.

Montero puso durante la entrevista el ejemplo de la poliquistosis renal, una enfermedad hereditaria que puede deteriorar progresivamente la función de los riñones hasta hacer necesaria la diálisis o un trasplante.

En estos casos, el análisis permite identificar los embriones que no presentan la alteración genética. «Seleccionando este tipo de embriones se corta la transmisión genética de esa enfermedad para esta descendencia y las siguientes», explica.

Es precisamente en este terreno donde Montero sitúa buena parte de las posibilidades que la investigación y la innovación están abriendo para el futuro de la reproducción asistida.

El coste añade presión a un tratamiento ya exigente

La entrevista abordó también una parte menos visible del proceso. A la carga física y emocional de los tratamientos se suma en muchos casos el esfuerzo económico que supone recurrir a la reproducción asistida privada.

Según explicó Montero, un tratamiento puede situarse habitualmente entre los 4.000 y los 5.000 euros, aunque el coste depende del procedimiento y de las circunstancias de cada paciente. La sanidad pública extremeña ofrece tratamientos de reproducción asistida, pero los requisitos de acceso y los tiempos de espera llevan a algunas personas a recurrir a centros privados.

«Muchas pacientes se la juegan a un único tratamiento porque económicamente no pueden permitirse más, lo que genera una presión doble», señala.

Ese componente emocional forma parte también del trabajo diario de la clínica. Montero explica que la ansiedad puede aparecer desde las primeras consultas y que el proceso requiere acompañamiento ante la incertidumbre de no saber si el tratamiento terminará consiguiendo el embarazo.

Siete cajas de agradecimientos y más de 200 bebés en un álbum

Después de décadas trabajando en reproducción asistida, hay también una forma más sencilla de medir lo que estos tratamientos han supuesto para muchas familias. Montero recordó que la clínica llegó a acumular tantas placas entregadas por antiguos pacientes que, cuando tuvieron que retirarlas por falta de espacio, llenaron siete cajas.

Conservan además un álbum con fotografías de más de 200 bebés nacidos después de los tratamientos realizados en el centro.

«Para nosotros todas las pacientes son un caso muy especial», asegura Montero, que durante la entrevista evitó elegir una historia concreta entre las familias que han pasado por la clínica.

Para quienes están comenzando ahora este proceso, frente a las dificultades médicas, emocionales y económicas que pueden aparecer, Montero dejó un mensaje para quienes buscan formar una familia y todavía no lo han conseguido, mantener «la esperanza de poder tener familia siempre y cuando se intente».

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