El psicólogo Nando Gaspar analiza en «El Cuarto Azul», la sección de psicología de los miércoles en Más de Uno Plasencia, cómo las redes sociales han extendido las relaciones del instituto más allá de las aulas y qué consecuencias pueden tener sobre la ansiedad y la autoestima.
Ariane Herrera 27/08/2026
La vuelta a las aulas supone recuperar horarios, compañeros y rutinas, pero para muchos adolescentes la relación con el instituto hace tiempo que dejó de terminar cuando suena el último timbre. WhatsApp, Instagram o TikTok mantienen abiertas durante toda la tarde y el fin de semana relaciones que antes quedaban, al menos durante unas horas, fuera de casa.
Es una de las cuestiones que hemos abordado esta semana en «El Cuarto Azul», el espacio que cada miércoles dedica Más de Uno Plasencia a la psicología y la salud emocional. En esta ocasión, el psicólogo Nando Gaspar ha puesto el foco en el uso de las redes sociales entre los adolescentes y en cómo esa conexión permanente puede influir en su autoestima, sus relaciones y su estado de ánimo.
Nando lo resume con una imagen sencilla: los jóvenes «se llevan a los compañeros en el bolsillo». Lo que sucede entre ellos puede continuar después de clase a través del teléfono y entrar directamente en espacios que antes suponían cierta desconexión, como la casa o la habitación.
Cuando la aprobación se mide en «likes»
Una parte importante del problema aparece cuando las redes sociales se convierten en una forma de buscar la aprobación de los demás. Un comentario, una reacción o el número de likes puede adquirir un peso mucho mayor del que aparentemente tiene.
Nando Gaspar explica que, en algunos adolescentes, esa respuesta digital termina funcionando como una forma de autovalidación. Si publican algo y no obtienen la reacción que esperaban, pueden interpretar esa ausencia de atención como un rechazo personal: «Se piensan que no valen».
Las redes también han multiplicado las referencias con las que los jóvenes comparan su físico. Fotografías seleccionadas, filtros y contenidos cuidadosamente preparados pueden terminar presentándose ante ellos como si fueran una representación cotidiana de la realidad.
El problema aparece cuando esa imagen idealizada se convierte en el modelo con el que un adolescente mide su propio cuerpo o su propia vida. Para Nando, parte de la educación digital pasa precisamente por enseñar a distinguir entre lo que se muestra en una pantalla y la realidad que existe detrás de ella.
Esta cuestión cobra especial importancia en edades en las que la autoestima todavía está construyéndose y la opinión del grupo adquiere un peso especialmente relevante.
¿Cuándo deben preocuparse las familias?
No todo uso intensivo del teléfono implica necesariamente que exista un problema. Por eso, más que centrar toda la atención en las horas de pantalla, Gaspar recomienda observar cambios significativos en el comportamiento del menor.
Una de las señales que considera especialmente preocupantes es el aislamiento, que deje de relacionarse con su entorno, se encierre cada vez más en su habitación o rompa la comunicación que mantenía habitualmente con su familia.
El paso del colegio al instituto puede ser además un momento especialmente sensible. Aparecen nuevos compañeros, jóvenes de otras edades y dinámicas sociales diferentes, mientras los controles parentales tienen una capacidad limitada para supervisar todo lo que ocurre en internet.
Aprender a cuidar también la salud emocional
Para Nando Gaspar, la respuesta no puede limitarse a prohibir las redes sociales. El psicólogo defiende reforzar la educación emocional y la salud mental en colegios e institutos, de manera que los jóvenes dispongan de herramientas para afrontar el rechazo, la ansiedad, las comparaciones o los comentarios negativos que pueden encontrar también en internet.
Aprender a gestionar una emoción, reconocer cuándo algo está afectando a la autoestima o saber pedir ayuda forman parte, sostiene, de una prevención que debe comenzar antes de que aparezca un problema.































