14/09/2026
El podólogo Javier Alonso Terrón recomienda revisar los pies al menos una vez al año, prestar atención al espacio que dejamos a los dedos dentro del calzado y realizar la primera valoración podológica de los niños alrededor de los tres años.
Esperar a que duela para acudir al podólogo sigue siendo uno de los errores más frecuentes en el cuidado de los pies. Molestias que se mantienen durante meses, zapatos demasiado estrechos o problemas en la pisada pueden terminar condicionando algo tan cotidiano como caminar y, sin embargo, la prevención continúa teniendo mucho menos peso que en otras áreas de la salud.
El podólogo Javier Alonso Terrón, especialista en podología deportiva de la clínica A pie de calle, recomienda realizar al menos una revisión anual aunque no exista dolor. En consulta, explica, todavía encuentran pacientes que han convivido durante un año o incluso año y medio con molestias importantes antes de buscar una solución.
El trabajo del podólogo tampoco se limita al tratamiento de durezas o problemas en las uñas. La podología permite abordar alteraciones de la pisada, lesiones, patologías del pie y problemas que pueden requerir desde rehabilitación o plantillas hasta una intervención quirúrgica.
Un zapato que deje sitio a los dedos
Buena parte de la prevención empieza en algo tan cotidiano como elegir los zapatos. Una puntera excesivamente estrecha comprime los dedos y puede favorecer problemas como uñas encarnadas, sobrecargas en la zona del antepié o determinadas afecciones nerviosas.
Entre ellas se encuentra el neuroma de Morton, relacionado con la irritación y compresión de uno de los nervios del pie y que puede provocar dolor en la parte delantera. Frente a ello, la recomendación pasa por buscar hormas suficientemente anchas y punteras redondeadas, que permitan a los dedos mantener espacio y movilidad dentro del zapato.
También ha cambiado la manera de abordar determinados problemas de la pisada. Las plantillas actuales pueden fabricarse con materiales más flexibles y adaptarse al movimiento del pie y al calzado, en lugar de funcionar como elementos completamente rígidos.
Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, existen técnicas quirúrgicas menos invasivas para determinadas patologías. Algunas intervenciones pueden realizarse mediante incisiones de apenas dos milímetros, reduciendo la agresión sobre los tejidos y permitiendo que el paciente salga caminando con un calzado postoperatorio. Para algunas afecciones nerviosas también se emplean técnicas como la radiofrecuencia.
La primera revisión de los niños alrededor de los tres años
El cuidado de los pies empieza mucho antes de la edad adulta. En torno a los tres años es un buen momento para realizar una primera valoración podológica, aunque determinadas características que preocupan a los padres pueden formar parte del propio desarrollo infantil.
Es el caso del pie plano en edades tempranas. Entre los tres y los cinco años puede encontrarse dentro de la evolución normal del pie y no implica necesariamente que exista una patología que haya que corregir.
En casa, dejar que los niños caminen descalzos también puede favorecer la estimulación del pie, la propiocepción y el desarrollo de su musculatura.
Y existe una forma muy sencilla de comprobar si unas zapatillas se han quedado pequeñas. Basta con sacar la plantilla y colocar el pie del niño encima. Por delante de los dedos debería quedar aproximadamente entre cuatro y ocho milímetros libres, un margen que permite comprobar de forma más clara el espacio disponible dentro del zapato.
La salud del pie ha centrado esta semana La Botica, el espacio de los lunes de Más de Uno Plasencia, donde Javier Alonso Terrón ha repasado algunas de las consultas más habituales y, sobre todo, la importancia de actuar antes de que una molestia termine convirtiéndose en un problema persistente.


























































