07/10/2026
El aceite de oliva, el jamón o los frutos secos muestran los límites de un etiquetado que no debe utilizarse para comparar alimentos diferentes. La farmacéutica Maite Martín y el nutricionista Jorge Señorán explican en La Botica cómo leer mejor lo que compramos.
Una letra verde no convierte automáticamente un producto en saludable y una naranja tampoco significa necesariamente que haya que dejarlo en la estantería. El Nutriscore simplifica mucha información nutricional en cinco letras y cinco colores, pero entender qué está midiendo resulta fundamental para no sacar conclusiones equivocadas.
Es una de las cuestiones que han abordado la farmacéutica Maite Martín y el farmacéutico y nutricionista montehermoseño Jorge Señorán en La Botica, el espacio de salud de Más de Uno Plasencia en Onda Cero.
El sistema clasifica los productos desde la A, identificada en verde, hasta la E, en rojo, a partir de su composición nutricional. El problema aparece cuando el consumidor interpreta esa letra como una valoración absoluta del alimento o la utiliza para enfrentar productos que poco tienen que ver entre sí.
Jorge explica que Nutriscore resulta más útil cuando se comparan productos de una misma categoría. Puede servir, por ejemplo, para distinguir entre diferentes cereales de desayuno, pero pierde sentido si se utiliza la puntuación para concluir que un producto es necesariamente mejor que otro completamente distinto.
El aceite de oliva revela los límites del sistema
El aceite de oliva virgen extra permite entender fácilmente esa limitación. Su elevada proporción de grasa condiciona su valoración nutricional, pese a que el tipo de grasa y la cantidad que normalmente se consume son elementos importantes a la hora de valorar su lugar dentro de la dieta.
Algo parecido sucede con el jamón ibérico, penalizado por factores como la sal y la grasa. Señorán pone sobre la mesa el contraste que puede producirse al compararlo con determinados productos procesados bajos en grasa o calorías que obtienen una letra aparentemente mejor.
Los frutos secos son otro ejemplo utilizado durante la conversación. Su densidad energética puede perjudicar su clasificación aunque, consumidos al natural y en cantidades adecuadas, su composición sea muy diferente de la que podría sugerir una simple lectura del color de la etiqueta.
La clave, sostiene el nutricionista, está por tanto en no utilizar Nutriscore por sí solo para decidir qué se puede comer y qué no, sino como una herramienta más para comparar productos semejantes.
Ni la leche entera es el enemigo ni un refresco zero sustituye al agua
Maite y Jorge rechazan que la leche entera deba descartarse de forma general por contener más grasa y recuerdan que la elección entre entera, semidesnatada o desnatada debe hacerse teniendo en cuenta el conjunto de la alimentación y las necesidades de cada persona. En el caso de los yogures, recomiendan fijarse especialmente en que sean naturales y no contengan azúcares añadidos.
También han puesto el foco en los refrescos sin azúcar. Elegir una versión zero reduce el consumo de azúcar y calorías respecto a su equivalente convencional, pero eso no convierte estas bebidas en un sustituto del agua para el consumo diario. Su recomendación pasa por mantener el agua, con o sin gas, como bebida habitual.
Y en el desayuno, antes que recurrir de forma sistemática a galletas, bollería o determinados panes industriales, proponen opciones sencillas como pan con aceite de oliva virgen extra acompañado de jamón o queso fresco. Para quienes prefieran el dulce, Jorge apunta al chocolate con un porcentaje elevado de cacao.


























































