19/10/2026
David García repasa en Territorio Empresa la historia del negocio familiar que fundó su padre en 2008, su traslado por las obras de la circunvalación sur y el relevo generacional que asumió durante la pandemia.
El restaurante La Fragata lleva casi dos décadas formando parte de la hostelería de Plasencia, aunque su trayectoria no ha sido precisamente sencilla. El negocio nació en 2008 de la mano de Francisco García y su hijo David, tuvo que abandonar su primera ubicación por las obras de la circunvalación sur y afrontó un nuevo cambio en plena pandemia, cuando el fundador se jubiló y dejó la gestión en manos de la siguiente generación.
Su actual responsable, David García, ha repasado esta historia familiar en Territorio Empresa, el espacio de Círculo Empresarial Placentino patrocinado por Caja Rural de Extremadura.
David tenía apenas 17 años cuando su padre decidió emprender una aventura en la hostelería sin experiencia previa en el sector. Se instalaron en el antiguo restaurante El Paraíso, en la carretera del Valle, donde comenzaron a aprender el oficio y a construir su propia clientela.
«Mi padre, sin experiencia ninguna, tuvo el atrevimiento de montar el negocio para darme un futuro porque a mí siempre me había llamado la atención la hostelería. Empezamos los dos de la mano, aprendiendo el oficio desde cero», recuerda.
Sin embargo, cuatro años después llegó uno de los momentos más complicados. Las obras de la circunvalación sur obligaron a expropiar el inmueble, por lo que la familia tuvo que buscar otro local para continuar con el negocio.
La solución fue trasladarse al edificio de una antigua clínica de diálisis, detrás del parque de bomberos, donde permanece actualmente La Fragata. Aquel cambio también permitió ampliar la actividad del restaurante, que pasó de contar con un pequeño comedor a disponer de cinco salones y ofrecer servicios para celebraciones y banquetes.
Un relevo generacional en plena pandemia
El siguiente cambio importante llegó en 2020, cuando Francisco García decidió jubilarse y David asumió la dirección del establecimiento en uno de los momentos más difíciles para la hostelería.
«Mi padre era muy estricto y cabezota, pero de él aprendí la disciplina y la constancia», explica el hostelero, que aprovechó el relevo para introducir nuevas propuestas gastronómicas y técnicas de cocina, entre ellas el horno de brasa de carbón Josper.
Actualmente dirige el restaurante junto a su pareja, Sonia, aunque reconoce que mantener un negocio hostelero también implica dificultades para conciliar la vida laboral y familiar.
«Llevamos el trabajo a casa y la casa al trabajo», admite García, que señala la organización de los horarios y los descansos del personal como uno de los principales retos de su día a día.
Pese a los cambios, La Fragata conserva algunas de las recetas con las que comenzó su actividad. Es el caso de la caldereta extremeña de cerdo ibérico, incorporada a la carta por Francisco García en 2008 y que continúa elaborándose siguiendo la receta original.
Con sus salones renovados y una oferta que combina la restauración diaria con celebraciones y reuniones de empresa, el establecimiento continúa una historia familiar marcada por la necesidad de adaptarse, desde aquella primera apertura en la carretera del Valle hasta su ubicación actual.


























































