02/10/2026
La familia Serradilla prepara el relevo de dos negocios ligados durante casi siete décadas a la ciudad. Aitor continuará al frente del Café Bar Puerta del Sol y Aida tomará las riendas de la administración El Abuelo Mayorga.
Mucho antes del Café Bar Puerta del Sol y de que la administración de lotería se llamara El Abuelo Mayorga, hubo un pequeño negocio familiar en el número 2 de la calle Caballero. Allí comenzó una historia que está a punto de cumplir 70 años y que ahora se prepara para cambiar de manos por cuarta vez dentro de la misma familia.
Máximo Serradilla está cerca de la jubilación. Sus hijos, Aida y Aitor, serán quienes continúen con los dos negocios familiares. Aitor se quedará al frente del bar y Aida asumirá la administración de lotería que actualmente regenta su madre, Pilar.
Los tres han pasado por Territorio Empresa, el espacio de Más de Uno Plasencia impulsado junto al Círculo Empresarial Placentino y patrocinado por Caja Rural de Extremadura, para contar una historia que comenzó con los abuelos de Máximo y que ha terminado convirtiendo el mostrador y la barra en parte de la vida cotidiana de varias generaciones de la familia.
Del Bar Serradilla a dos negocios familiares
El origen está en el antiguo Bar Serradilla, en la calle Caballero. El establecimiento se hizo conocido, entre otras cosas, por sus aperitivos de morros, pero allí convivían desde el principio dos actividades que con los años terminarían separándose.
Además de servir cafés y comidas, la familia gestionaba las apuestas deportivas y la venta de lotería. De aquel negocio surgirían posteriormente el Café Bar Puerta del Sol y la Administración de Loterías número 2 El Abuelo Mayorga, esta última situada actualmente en la calle Talavera.
Máximo creció en el negocio y sus hijos han repetido, en buena medida, la misma historia. Aitor lleva años detrás de la barra y reconoce que prácticamente se ha criado atendiendo al público. Ahora será él quien continúe con el establecimiento cuando llegue la jubilación de su padre.
Aida hará lo propio con la administración de lotería. El relevo permite a la familia afrontar algo que se ha convertido en uno de los principales problemas de muchos pequeños negocios, encontrar a alguien que quiera continuar cuando llega el momento de retirarse.
El día que el Gordo cayó en casa
En casi siete décadas también ha habido tiempo para repartir premios. Uno de ellos sigue ocupando un lugar especial en los recuerdos de Máximo Serradilla.
Era todavía adolescente cuando el 47.074, vendido por la familia, resultó premiado con el Gordo de Navidad. El premio se había distribuido desde el propio bar, cuando lotería y hostelería todavía compartían espacio.
Desde entonces han llegado otros premios en sorteos ordinarios y campañas de Navidad, aunque la actividad de la administración no se limita a la venta directa de décimos.
El Abuelo Mayorga prepara también participaciones para asociaciones y colectivos. Entre las entidades con las que ha trabajado la familia se encuentran la Asociación de Diabéticos, colectivos vinculados a la lucha contra el cáncer, Escapa junto al Rotary Club y el Círculo Empresarial Placentino.
Máximo Serradilla ha aprovechado también para señalar una de las preocupaciones de los loteros. Según explica, las comisiones que reciben las administraciones y el precio de determinados décimos llevan años sin actualizarse al mismo ritmo que los costes de los negocios, una situación que considera especialmente complicada para los establecimientos de menor tamaño.
Una cuarta generación toma el relevo
La continuidad, sin embargo, parece resuelta en esta familia. Aida y Aitor han decidido quedarse en unos negocios en los que prácticamente han crecido y que ahora deberán adaptar a su propia generación.
Sus vidas no se limitan al mostrador y la barra. Aida Serradilla está vinculada a la hípica y a la doma clásica y ha competido en certámenes celebrados en Badajoz y Zafra, además de colaborar con una yeguada de Moraleja.
Aitor acaba de ser padre de su primera hija, Triana. Una nueva generación llega así a una familia que lleva casi siete décadas pasando de padres a hijos dos negocios que han cambiado de nombre, de ubicación y de manos, pero que siguen abiertos al público.


























































