Tristeza otoñal o depresión: claves para entender el bajón de estación y cuándo buscar ayuda profesional

09/10/2026

El psicólogo Nando Gaspar aborda en El Cuarto Azul los cambios de ánimo que pueden acompañar a la llegada del frío y explica qué señales permiten distinguir un bajón pasajero de un problema que requiere ayuda profesional.

Octubre acorta las tardes y cambia también algunas rutinas. Apetece quedarse más en casa, cuesta algo más levantarse, aumenta el cansancio y hay quien nota que su estado de ánimo no es exactamente el mismo que unas semanas atrás. Estar más apagado con la llegada del otoño, sin embargo, no equivale necesariamente a tener una depresión.

La diferencia es importante. El psicólogo Nando Gaspar ha dedicado a ella su último Cuarto Azul, el espacio de psicología de Más de Uno Plasencia, ante un término que reaparece cada año por estas fechas, el conocido como bajón o tristeza otoñal.

Nando explica que el paso del verano al otoño obliga a reajustar ritmos y hábitos. Hay menos horas de luz, cambia la actividad cotidiana y llegan días que invitan más a permanecer en casa. Durante ese proceso pueden aparecer apatía, cansancio, mayor necesidad de dormir o cierta melancolía sin que detrás exista necesariamente un trastorno depresivo.

El problema, señala, comienza cuando deja de tratarse de un cambio pasajero y el malestar se mantiene, gana intensidad e interfiere de forma importante en la vida cotidiana. Una depresión puede incorporar además sentimientos profundos de inutilidad y una visión persistentemente negativa de uno mismo o del pasado, por lo que no debe confundirse con unos días de menor ánimo.

Salir aunque no apetezca

¿Qué se puede hacer entonces ante ese bajón? Nando recomienda salir de casa y mantener vida social incluso cuando no apetece hacerlo. Una recomendación que parece sencilla peor que reconoce que precisamente en esos momentos puede costar cumplirla.

El psicólogo aconseja evitar que las ganas de quedarse en casa terminen convirtiéndose en aislamiento. Estar con otras personas, conversar y participar en planes ayuda, explica, a desplazar durante un tiempo la atención de los pensamientos negativos y recuperar estímulos que se pierden cuando uno se encierra en sí mismo.

Pero introduce aquí un matiz muy ligado a nuestra forma actual de relacionarnos. Mandar mensajes por WhatsApp, pasar tiempo en Instagram o TikTok o hablar por teléfono no equivale, a su juicio, a mantener una vida social presencial. Las redes pueden mantenernos conectados y, al mismo tiempo, alejarnos del contacto directo con nuestro grupo.

La otra recomendación pasa por no dejar demasiado espacio al aburrimiento. Gaspar propone mantener actividades que exijan cierta participación activa, como la lectura u otros entretenimientos que estimulen la mente. El objetivo es evitar esas horas en las que resulta más fácil entrar en una cadena de pensamientos negativos o recurrir a la comida simplemente por ansiedad o aburrimiento.

Nando relaciona estos momentos con una mayor apetencia por hidratos de carbono y azúcares. No se trata, por tanto, de llenar todas las horas del día, sino de conservar rutinas y actividades que impidan que el repliegue propio de los meses más fríos termine dominando la vida cotidiana.

«Con lo bien que vives» tampoco ayuda

No todas las recomendaciones van dirigidas a quien atraviesa el malestar. El entorno también tiene un papel importante y, a veces, ayudar empieza simplemente por saber qué no decir.

Gaspar señala que el papel de familiares, parejas o amigos debe pasar fundamentalmente por acompañar y respetar el proceso, sin exigir a la persona que se encuentre bien ni convertir ese acompañamiento en una sucesión de reproches.

Hay frases aparentemente inocentes que pone directamente como ejemplo de lo que no conviene decir. «Con lo bien que vives», «tienes trabajo» o «tienes de todo» parten de aquello que observa quien está fuera, no de cómo está viviendo la situación la persona afectada.

Decírselas a alguien que atraviesa una depresión no hace que vea repentinamente todo aquello que tiene. Según Gaspar, puede conseguir justo lo contrario y añadir culpa e incomodidad al propio malestar.

Psicólogo y psiquiatra no tienen por qué ser caminos separados

Cuando el problema deja de ser un bajón pasajero y requiere tratamiento, Gaspar rechaza también presentar la psicología y la psiquiatría como dos alternativas enfrentadas.

El psicólogo defiende que ambas pueden complementarse cuando el caso lo necesita. En su explicación, la medicación puede funcionar como un apoyo mientras la terapia psicológica trabaja sobre los pensamientos, las creencias y las herramientas necesarias para afrontar el problema.

Sí cuestiona que determinados tratamientos farmacológicos terminen prolongándose de manera indefinida sin una revisión del proceso ni un acompañamiento psicológico. Su planteamiento es que la medicación, cuando está indicada, debe formar parte de un tratamiento supervisado y adaptado a la evolución de cada persona.

El cambio de estación puede traer días de más sueño, menos energía y pocas ganas de salir. La frontera que merece atención no está en tener una mala semana de octubre, sino en que ese malestar persista, se intensifique y empiece a condicionar la vida.

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